jueves, 14 de octubre de 2010

MARIE POUSSEPIN, UNA VIDA AL SERVICIO DE CARIDAD

La familia Poussepin se dedica, al igual que otras de su misma ciudad, a la fabricación artesanal de medias de seda. La industria familiar es floreciente y cuenta con la colaboración de numerosos aprendices jóvenes que se forman en el oficio.
En 1684, Marie Poussepin lleva la total responsabilidad de este taller, después de la muerte de sus padres. Francia vive en este momento profundas transformaciones sociales y económicas. Como mujer de empresa se adapta bien a estos cambios y sin temor introduce en su fábrica maquinaria nueva, importada de Inglaterra y abandona la seda para tejer con lana. De este modo Marie se convierte en pionera de una industria nueva.
Poco a poco Marie deja la dirección del negocio en manos de su hermano. Será en 1691 cuando Marie Poussepin se desprende de toda responsabilidad empresarial.
Desde muy joven, cuando aun vivía su madre, Marie era miembro activo de la Cofradía de la Caridad establecida en su parroquia. Ahora, liberada de las obligaciones comerciales, se puede dedicar más intensamente a las obras de caridad. Los últimos años del siglo XVII, no fueron fáciles para estas regiones de Francia, el hambre y las epidemias eran abundantes y aumentaba el número de pobres y enfermos. Hacia 1692, el P. Mespolié, dominico, visita Dourdan. De este modo Marie Poussepin conoce la orden dominicana y halla en ella una respuesta a sus deseos de una vida espiritual más intensa. Comprende que es el camino que Dios le señala y decide formar parte de la Tercera Orden de Santo Domingo. Este hecho marcará luego a la Congregación.
A principios de 1696, Marie Poussepin deja la ciudad industrial de Dourdan y se instala en Sainville, un pueblecito muy pobre y necesitado. Desea dedicar toda su atención a los más desfavorecidos, especialmente los niños y los enfermos.
Pronto se le unen un reducido número de jóvenes, carentes de medios de subsistencia, a las que ayuda enseñándoles a vivir cristianamente y a hacer de su vida un servicio para los demás. Nace así la primera comunidad de Hermanas Dominicas, dedicadas al servicio de la caridad. Toman como ejemplo la Virgen María en su Presentación.
A partir del mismo año 1696, Marie Poussepin inicia las gestiones legales necesarias para lograr la aprobación oficial de la Congregación. Los trámites son largos y laboriosos, y no se obtiene hasta l724.
Las constituciones de la Congregación, que ya ha comenzado su expansión por distintas diócesis de Francia, son autorizadas en 1738 por el obispo de Chartres. Este hecho significa el reconocimiento por parte de la Iglesia. En su último testamento, Marie Poussepin, recomienda a las Hermanas tener un vivo celo por la instrucción de la juventud, el cuidado de los pobres enfermos, el espíritu de pobreza y el amor al trabajo.
En la profundidad de su fe, Marie Poussepin comprende que se acerca a la plenitud, 90 años después de haber iniciado su vida, despojada, libre y serena, se entrega a la oración y al silencio. El Señor viene a buscarla el 24 de enero de l744.
Tras las huellas de la Fundadora.La vida de "la humilde, piadosa y caritativa Marie Poussepin", se prolonga en el tiempo y en el espacio, en cada hermana, en cada comunidad de Dominicas de la Presentación, a través de tres siglos de historia.
Europa, América, Asia y África son los cuatro continentes que en la rica gama de culturas de 36 países, acogen hoy la Congregación. Las hermanas, fieles al espíritu de su Fundadora, conscientes de los grandes cambios sobrevenidos en la sociedad, y la variedad de los pueblos donde se insertan, viven al servicio de la caridad, en una diversidad de respuestas tan amplia como las necesidades del mundo.
En escuelas, colegios, universidades como en talleres y centros de promoción y capacitación, las hermanas procuran la formación integral cristiana de niños, jóvenes y adultos, con preferencia por los más pobres; en pequeños dispensarios y centros de salud de la selva o la montaña, lo mismo que en grandes hospitales y clínicas de la ciudad, acogen la vida y la defienden, alivian el dolor, dan esperanza. Los ancianos, los niños sin hogar, los marginados sociales por la lepra, la drogadicción, la disminución psíquica saben de su entrega, de su cuidado por salvaguardar la dignidad humana que se esconde tras apariencias sin valor para el resto de la sociedad.
En las grandes zonas de marginación urbana y rural del tercer mundo, entre indígenas, negros y colonos, como en suburbios y pueblos de emigrantes del primer mundo, las hermanas defienden los derechos humanos de los más débiles y están a su lado para compartir su suerte y luchar para lograr unas condiciones de vida más dignas. En parroquias y campos de misión, a través de medios de comunicación, en organismos del Estado o de la Iglesia son gestoras y animadoras de programas de evangelización, se hacen mediadoras del mensaje cristiano en las situaciones de trabajo y en la vida ordinaria del hombre y la mujer de nuestro mundo.
Con esta diversidad de respuestas y en la unidad de un mismo espíritu, la Congregación fundada por Marie Poussepin, HERMANAS DE LA CARIDAD DOMINICAS DE LA PRESENTACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN,
no se aparta de la única finalidad que ella quiso darle: el anuncio de Jesucristo por el servicio de la caridad. Esta fidelidad de tres siglos, es prueba fehaciente de la santidad de su Fundadora: la Iglesia lo reconoce oficialmente el día 20 de noviembre de l994, en el acto solemne de su beatificación

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